¿Por qué hablar de Sexualidad? (Parte 1)

La relación entre represión afectiva y sexual, y la violencia en las sociedades.

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“A algunos la sexualidad quizás sólo les parezca un tópico sin importancia, un escape frívolo de los problemas más críticos de la pobreza, la guerra, la enfermedad, el racismo, el hambre o la aniquilación nuclear”.

Gayle Rubin / Reflexionando sobre el sexo: notas para una teoría radical de la sexualidad.

La sexualidad puede parecer un tópico banal al enfrentarla con realidades inmediatas mucho más precarias y duras, sobre todo cuando la sexualidad pareciera ser algo que hacemos y ya, algo inmanente a nosotros, un privilegio invisible para aquello que la poseen; pero es por esta consustancial obviedad, por esta verdad inherente bajo nuestras narices que no nos percatamos que cada una de esas funestas y crueles realidades tienen su raíz en la manera como nos relacionamos y creamos el mundo, tienen su origen en el buen o mal desarrollo de nuestra sexualidad.

El objetivo de este artículo, es generar para quien nos lee, un enlace y reflexión entre dos realidades aparentemente distantes pero imprescindiblemente relacionadas, invitar a dejar de mirar (en un mal habito mediático) las consecuencias y empezar a incorporar una perspectiva frente a las causas mas fundamentales.

En 1975, James W Prescott, presenta en el boletín The Atomic Scientists su investigación: Placer corporal y el origen de la violencia. Una investigación que consideramos vital compartir, no sólo por el hecho que a través de ella fundamentamos nuestra propuesta sobre la importancia de hablar de Sexualidad, sino por la riqueza invaluable que representará para aquel, o aquellos a quienes les corresponda esta información.

La violencia y sus manifestaciones son un tópico que a todos nos atañe, nos afecta directa o indirectamente, a un nivel inhumano o sutil, incluso desde siglos antes que el el artículo de Prescott fuera escrito, heredamos este desequilibrio a escala global y local, comprobando su vigencia en el tiempo que nos corresponde.

A continuación haremos traducción de los apartes más importantes del artículo, reduciendo su extensión pero sin perder la estructura medular del mensaje, si desea leer todo el documento puede descargarlo a través de este enlace.

La violencia de los seres humanos se está convirtiendo rápidamente en una epidemia global. Alrededor de todo el mundo, la policía enfrenta a muchedumbres iracundas, irrupciones terroristas en los juegos Olímpicos, asaltantes secuestran aviones y bombas que destruyen edificios.

 A menos que las causas de la violencia sean aisladas y tratadas, continuaremos viviendo en un mundo violento. Desafortunadamente, se ofrecen a menudo soluciones violentas para acabar con la violencia. Muchas leyes oficiales de coacción abogan por el “endurecimiento” de las políticas como el mejor método para reducir el crimen. Llevar a prisión a la gente, es nuestra manera más usual de tratar con el crimen, lo cual nunca solucionará el problema, porque las causas de la violencia yacen en nuestros valores básicos y en la forma en que educamos a nuestros niños y jóvenes. El castigo físico, las películas violentas y los programas de TV enseñan a nuestros niños que la agresión física es algo normal.

Pero estas tempranas experiencias NO son la única o la PRINCIPAL fuente del comportamiento violento. Recientes investigaciones respaldan el hecho de que la privación del placer sexual es el mayor ingrediente en las expresiones de violencia o agresión física. La asociación más común, la del sexo con la violencia, provee una pista para entender la agresión física en términos de la privación del placer físico.

A diferencia de la violencia, el placer parece ser algo de lo que el mundo no puede cansarse. Los seres humanos están constantemente en búsqueda de nuevas formas de placer, a pesar de que muchas de nuestras actividades relativas al “placer” aparecen como substitutos de los placeres sensoriales del tacto. Nosotros tocamos o acariciamos por placer o por dolor o no tocamos nada en ningún momento. Aunque el placer físico y la violencia física parecen mundos aparte, existe una sutil e íntima conexión entre las dos. Hasta que no se entienda la relación entre placer y violencia, esta última continuará su escalada.

La relación entre privación del placer sensorio físico es la principal causa raíz de la violencia.

Experimentos con animales de laboratorio muestran que el placer y la violencia tienen una relación reciproca, es decir que, la presencia del uno, inhibe la otra. Un animal violento y con rabia, se calma abruptamente cuando se le estimulan los centros del placer en su cerebro con electrodos. De la misma forma, al estimular los centros de violencia en el cerebro puede terminar con su comportamiento pacífico y su placer sensual. Cuando los circuitos de placer del cerebro están prendidos (‘on’), los circuitos de la violencia están apagados (‘off’) y viceversa. Entre los seres humanos una persona con tendencia al placer rara vez presenta comportamientos agresivos o violentos, y una persona violenta tiene poca habilidad para tolerar, experimentar o disfrutar actividades sensorio placenteras. Así es como, cuando la violencia sube, el placer baja.

La relación recíproca del placer y la violencia es altamente significativa ya que, ciertas experiencias sensoriales vividas durante los periodos formativos del desarrollo crearán una predisposición neurosicológica bien sea, para la búsqueda de la violencia o para la búsqueda del placer en etapas posteriores de la vida. Los comportamientos aberrantes tanto sociales como emocionales resultantes de lo que los psicólogos llaman privación “materno-social”, es decir falta de ternura y cuidado amoroso, son causados por un tipo de pánico de privación sensorial, la privación somatosensorial. Derivado del griego ‘cuerpo’ el término se refiere a las sensaciones de tacto y los movimientos corporales que difieren de los sentidos de la vista, escucha, olfato y gusto. La privación de la caricia o tacto corporal, del contacto y de los movimientos son las causas básicas de varios trastornos emocionales que incluyen entre otros, los comportamientos depresivos, hiperactivos, aberraciones sexuales, abuso de drogas, violencia y agresión.

Estos hallazgos fueron obtenidos principalmente en estudios controlados de laboratorio hechos por Harry F. y Margaret K. Harlow de la Universidad de Wisconsin. Los Harlow y sus estudiantes separaron a monos recién nacidos de sus madres al momento de nacer. Los monos fueron criados en jaulas aisladas en una colonia de monos, donde ellos podrán desarrollar relaciones sociales con otros animales a través de la vista, la escucha y el olfato pero no a través del tacto o movimiento. Este y otros estudios indican que es la privación del contacto corporal y del movimiento—y no la privación de otros sentidos—la que produce amplia variedad de comportamientos emocionales aberrantes en estos animales criados en condiciones de aislamiento. Es bien sabido que los infantes y los niños que son hospitalizados o internados por periodos extensos de tiempo con poco o ningún contacto fí­sico, ni cuidado, desarrollan comportamientos casi idénticos a los anormales, tales como perturbaciones y golpes en la cabeza.

La hipótesis de que la privación del placer resulta en violencia física requiere una evaluación formal sistemática. Podemos probar esta hipótesis al examinar estudios culturales-cruzados sobre las prácticas de crianza de los hijos, sobre los comportamientos sexuales y sobre la violencia física. Las sociedades humanas que proveen a sus infantes y niños mucho afecto físicamente (acariciarlos, alzarlos, guiarlos de la mano) son menos violentas físicamente que las sociedades humanas que dan poco afecto físico a sus infantes y nietos. Similarmente, las sociedades humanas que toleran y aceptan el sexo prematrimonial y extramarital son físicamente menos violentas que aquellas sociedades que prohíben y castigan el sexo prematrimonial y extramarital.

En este apartado Prescott continua su artículo apalancado en la investigación realizada por R.B Textor, presentada en el libro Un resumen de Culturas Cruzadas, donde se establecen unas 20.000 correlaciones estadísticamente significativas de 400 muestras culturales de sociedades primitivas.

Las relaciones entre variables que reflejan afecto físico (cariño, caricias, jugar con infantes) están relacionadas con variables que determinan el crimen y la violencia (frecuentes robos, asesinatos, etc). o sea, a un nivel alto de afecto = baja violencia, a un nivel bajo de afecto = alta violencia.

Los resultados de la tabla 1, indican claramente que aquellas sociedades que dan a sus infantes más grandes cantidades de afecto físico se caracterizan por pocos robos, bajo dolor físico en los infantes, poca actividad religiosa y nada o casi nada de asesinatos, mutilaciones o torturas hacia los enemigos. Estos datos confirman directamente que la privación del placer corporal durante la infancia está significativamente vinculada a una alta taza de crimen y violencia.

 Los resultados de la tabla 2, indican que las sociedades que infringen dolor a sus infantes, tienden a abandonarlos y descuidarlos. También son más dadas a las prácticas de esclavitud, poligamia, etc.

Pero hubo un hecho que causo curiosidad a Prescott y fue ver que de las 49 sociedades estudiadas, 13 culturas “parecían” ser la excepción a la teoría de que a ausencia de placer somatosensorio la violencia física aumentaba (tabla 3). Esta sorpresa inicial, dio pie para un nuevo descubrimiento.

Examinar el comportamiento sexual de las 13 culturas cuya violencia por parte de los adultos no fue predecible desde el enfoque del placer físico durante la infancia, llevo a descubrir que las costumbre sociales que influyen y determinan los comportamientos de afecto sexual son diferentes de aquellas que subyacen en la expresión de afecto físico hacia los infantes.

Cuando se analizaron las sociedades caracterizadas por un alto nivel afectivo, pero con altos índices de violencia, se encontró que presentaban represión sexual premarital y que la virginidad presentaba mucha importancia, con lo que se dedujo que: los efectos benéficos del afecto físico a los infantes pueden ser anulados por la represión del placer físico (sexo premarital) en etapas posteriores de la vida.

Las sociedades que por el contrario presentaban bajo afecto físico en los infantes, pero baja violencia física en los adultos se caracterizaban por tener comportamientos permisivos respecto del sexo premarital: Así: los efectos nocivos de la privación físico-afectiva de los infantes parecen ser compensados en etapas posteriores de la vida debido a experiencias de placer físico-sexual durante la adolescencia.

Estos hallazgos llevaron a Prescott a reformular la teoría de la privación del placer somatosensorio de una fase, a una teoría del desarrollo de dos fases, en la cuál la violencia física pudo ser clasificada exactamente en 48 de 49 culturas.

En resumen, la violencia puede originarse debido a la privación del placer somato sensorio, ya sea en la infancia o en la adolescencia.

La fuerza de la teoría de la violencia causada por la privación en las dos fases del desarrollo es más clara cuando se comparan las sociedades que presentan altas tazas de afecto físico durante la infancia y adolescencia, en contraste con aquellas sociedades que presentan consistentemente un bajo afecto físico para ambas fases del desarrollo. Las estadí­sticas asociadas con esta relación son extraordinarias: La probabilidad de que una sociedad sea físicamente violenta es del 2 por ciento (48/49) si ésta está inclinada al afecto fí­sico hacia sus infantes y es tolerante al comportamiento sexual premarital, La probabilidad de que esta relación ocurra por casualidad es de 125.000 a 1. No se de ninguna otra variable del desarrollo que tenga tan alto grado de validez predictiva. Así­, parece que tenemos un principio firmemente establecido: las sociedades humanas fí­sicamente afectuosas tienen un alto grado de improbabilidad estadistica de presentar violencia fí­sica.

 Por consiguiente, cuando el afecto físico y el placer durante la adolescencia, así­ como en la infancia, están relacionados a medidas de violencia, encontramos evidencia directa de una relación significativa entre el castigo a los comportamientos sexuales prematrimoniales y varias medidas contra el crimen y la violencia. Como lo muestra la tabla 4, los grupos adicionales de relaciones vinculan el castigo y la represión del sexo premarital a tamaños grandes de las comunidades, a una alta complejidad social y a una estratificación de clases, a pequeñas familias extendidas, a compra de esposas, a la práctica de la esclavitud y a una presencia alta del concepto de dios en la moralidad humana.

 Las relaciones entre pequeñas familias extendidas y actitudes de castigo al sexo premarital merecen énfasis, ya que sugieren que las culturas nucleares de occidente pueden ser un factor determinante para nuestras actitudes represivas hacia la expresión sexual. Lo mismo se puede sugerir para las comunidades grandes, complejas y que tiene clases estratificadas. No es sorprendente pues, que cuando se presentan altas necesidades insatisfechas, combinadas con la privación de afecto físico el resultado sea la presencia del egoísmo (o egolatrí­a) lo mismo que altas tasas de narcisismo. De la misma forma, las danzas exhibicionistas y la pornografí­a pueden ser interpretadas como un substituto para la expresión normal del sexo. Algunas naciones que presentan bastante represión hacia la sexualidad femenina tiene variadas formas de “arte” pornográfico.

Sexo Extramarital

También se examina la influencia de los tabú del sexo extramarital sobre la violencia y el crimen. Los datos claramente indican que las actitudes represivo-punitivas hacia el sexo extramarital están también vinculados con la violencia física, crimen personal y la práctica de la esclavitud. Las sociedades que valoran la monogamia enfatizan la gloria militar y la adoración a dioses agresivos.

Estos datos de culturas cruzadas respaldan el punto de vista de los psicólogos y sociólogos quienes opinan que las necesidades sexuales y psicológicas que no son satisfechas dentro del matrimonio, deberán ser satisfechas, sin destruir la primacía de la relación matrimonial.

Estos hallazgos sorprendentemente respaldan la tesis de que la privación del placer físico a través de la vida—pero particularmente durante los periodos formativos de la infancia, la niñez y la adolescencia—están fuertemente relacionada a la presencia de las guerras y a la violencia interpersonal. Estas evidencias deberían ser aplicables a sociedades complejas industriales y post-industriales.

 

Fin de la primera parte.

Continua: ¿Por qué hablar de sexualidad? (Parte 2)

 

About Daniel Andrés Mora Lugo

Fundador y creador de Sextima.co. Licenciado en pedagogía, terapéuta pedagógico, former director creativo, meditador vippasana, tallerista, viajero, former estudiante y profesor del Centro de Estudios CasaOcho. Ha centrado su investigación en entender la relación que hay entre autoestima, las relaciones significativas y las narrativas no coercitivas de sexualidad con la aparición de las distintas manifestaciones de la violencia intra e interpersonal, de ese modo, poder desarrollar estrategias pedagógicas que favorezcan su reducción.