Placer vs Adicción

El placer en nuestras vidas es vital, la búsqueda y satisfacción de nuestros deseos nos produce un efecto bioquímico beneficioso en el organismo y le da sentido a nuestras vidas, no sólo  simbólicamente, sino de manera literal, el placer permite que nuestra vida sea posible.

El placer no es un efecto aislado que sucede y ya, este está sujeto a otras variables que se entrelazan y crean microsistemas de relación directa: la recompensa, el poder, el deseo, la identidad, la supervivencia, entre otros. Si algo sucede o afecta a alguno de estos ejes, inmediatamente los demás engranajes interconectados se verán correspondidos a activarse y a hacer su parte en el ejercicio de regulación y equilibrio de nuestro organismo (Piaget, 1973).

El placer es un motivante legitimo, hace parte de nuestro código esencial y está arraigado a nuestra necesidad y mecanismo primigenio de supervivencia.

Dotto (2016) narra que en el cerebro existe un centro encargado de interpretar las diferentes acciones o situaciones que nos generan el placer, a este centro se le ha denominado “placer-recompensa”. Aunque lo que proporciona placer a cada persona dependerá de un intrincado sistema de constructo identitario, social, emocional y biológico. Hay tres actividades que nos causan enorme placer y son muy relevantes para que nuestra vida sea posible: comer, beber y tener sexo. Estas recompensas primarias, las más primitivas, poseen un relación muy intrínseca con el placer y es en aquellas donde el mecanismo de supervivencia hace mayor énfasis*.

La supervivencia de nuestra especie se alcanza mediante la alimentación (comida, bebida) y la reproducción (sexo), de ahí que sean las actividades que mayor satisfacción nos generen (Dotto, 2016).

El placer se activa mediante el complejo circuito cerebral denominado “placer-recompensa”, este incluye el deseo (“querer algo”) y el placer en sí (“disfrutar algo”). Este circuito es el encargado de dirigir nuestros sentimiento de motivación, la recompensa y el comportamiento. Para poder percibir la situación placentera necesitamos nuestros sentidos y para interpretarla nuestro cerebro. Los sentidos activados le comunican al cerebro que algo placentero está sucediendo, y en el caso de comer, beber, tener sexo, informar que también se está satisfaciendo la necesidad básica. En el cerebro, estas actividades no suceden aisladas, sino que se interconectan con otros centros, por ejemplo, con la memoria y el comportamiento, por lo que las acciones o elementos que proporcionan placer serán recordados y aprendidos para que podamos repetirlos-desearlos en el futuro (Noticias, 2018).

El placer es el artilugio primigenio que la evolución, la vida o el arquitecto (según tu sistema ideológico), encuentra e introduce para que las criaturas vivientes puedan reconocer, buscar y acercarse a aquellas cosas que le hacen bien para su conservación y desarrollo, frente a aquellas que pueden poner en riesgo su supervivencia (y si que puso placer en aquellas de las cuales la vida depende!!!!).

El placer se le atribuye principalmente a un neurotransmisor denominado: Dopamina, es este el responsable de la sensación de placer y que nuestro centro de “Placer-Recompensa” se disponga a repetir las experiencias que han hecho que este neurotransmisor se segregue. Es por ello, que desde la neurociencia se afirma, que no estamos sujetos a la experiencia en sí, sino a nuestros neurotransmisores. La repetición de conductas y experiencias infiere que nuestro organismo está buscando volver a sentir lo que siente cuando el neurotransmisor es emitido en nuestro cuerpo y por ello, nos vemos conminados a replicar la situación externa que lo generó.

Este circuito placer-recompensa también busca optimizar nuestro quehacer estableciendo puntos de referencia donde satisfacer nuestras necesidades con claridad. Como una brújula que apunta de manera consistente hacia nuestras fuentes de motivación en vez de hacia cualquier lugar (Linden, 2011).

En este punto, volteamos nuestra mirada hacia aquellos comportamiento estereotipados o adictivos que buscan repetir una experiencia una y otra vez, poniendo en riesgo de sobremanera el bienestar de un organismo y el de su entorno.

Entendemos adicción como la afición desmesurada a algo, a repetir una actividad sin variación y con frecuencia extremadamente alta. Las motivaciones de la adicción pueden ser variadas al igual que el tipo de sustituto al que uno se fije, pero a ellas subyace un desequilibrio; un desequilibrio prolongado en la vida de esta persona que ha establecido una neuropsicología particular, conminando al sujeto a satisfacer sus necesidades no cubiertas adecuadamente de manera excesiva, o sea, la adicción puede ser entendida como la compensación con sustitutos de manera altamente reiterada a la carencia que fue o es sometido.

Para continuar, debemos hacer acopio de la teoría de motivación humana de Maslow (1943) y la pirámide de necesidades propuesta por él en esta obra. En esta teoría, Maslow plantea que son las necesidades fisiológicas y de supervivencia la base de todo el constructo de quienes somos, prosiguiendo con las necesidades de seguridad; continuando con las necesidades sociales o de vínculo; para pasar a las necesidades de reconocimiento y autoestima; y finaliza con las necesidades de autorrealización. Todos los niveles están íntimamente conectados, lo que suceda en un nivel afecta los demás, pero, es el nivel de supervivencia el punto de partida. Maslow propone que si las necesidades de un sujeto en cierto nivel no están cubiertas, es altamente improbable que este pueda preocuparse por resolver las del siguiente estadio, pero posteriores trabajos complementan este postulado informándonos que, si las necesidades de un nivel no han sido satisfechas de manera adecuada, sino por el contrario de forma precaria o pobre, el sujeto buscará sustentar esa carencia con los motivadores de los niveles siguiente de manera ansiosa (y dependiendo de la carencia) o compulsiva.

Se hace énfasis en observar que si las privaciones o mutilaciones a las necesidades han ocurrido en el primer eslabón, el de supervivencia, son estas heridas las más profundas, determinando el modo de desarrollar e interrelacionarse con las motivaciones-necesidades de los siguientes niveles. Un ejemplo, supongamos que una persona sufre un desplante en el nivel de reconocimiento por su pareja que l@ dejó porque no era lo suficientemente atractiv@; la alarma en el nivel de supervivencia se activará, y no sólo en ese nivel, sino en todos los demás; lo que variará, es el como la persona reaccionará a la situación, esto dependerá de si esta posee una memoria de herida grave en el nivel de supervivencia o no. Esta herida se pudo generar ya sea porque en su infancia la madre no pudo solventar adecuadamente su alimentación, o se encontraba constantemente maltratad@ físicamente por su entorno, aquí se generaron varias heridas en el nivel de supervivencia, pero inmediatamente también en los siguiente niveles. En el de seguridad, por citar, el sujeto extenderá un sentimiento de incertidumbre frente al mundo y un dialogo en el cual el mundo es un espacio peligroso y de escasez porque eso es lo que le han comunicado, quizás no con palabras, pero si con actos.; en el de vínculo, porque se ha introducido la relación de que no tiene a alguien que le proteja y le alimente adecuadamente; y en el de reconocimiento, porque le dieron a entender que no fue visto, ya que no era lo suficientemente valioso para ser atendid@. Todo esto llevará, a que esta persona en una situación como la planteada al inicio del párrafo, pueda reaccionar de manera violenta para protegerse de ese desplante, no por el desplante en sí, sino porque sus necesidades no cubiertas en la infancia son cataclismos en la adultez. Por lo cual, estará buscando solventarles con sustitutos en otros niveles, demasiado éxito, demasiado poder, demasiada seguridad, demasiado reconocimiento, demasiado trabajo, etc., y perder un sustituto “es como” recordar la carencia y la herida de abandono en el primer nivel, desequilibrando todo lo demás.

Caso contrario de quien ha recibido la suficiente atención en los estados de supervivencia de la primera infancia, aquel que fue alimentado regular y adecuadamente, que fue protegido de agresiones violentas, sentirá que el mundo es un lugar seguro y que tiene lo suficiente para proveerle, se sabrá con vínculos significativos que estuvieron ahí para atenderle, porque le vieron y le reconocieron valioso y digno de amor.

Sumado a todo lo anterior, otro indicador que va a estimular sobremanera la inscripción a comportamientos estereotipados o adictivos, son aquellos ambientes o contextos donde el placer es relativamente bajo o nulo de manera prolongada y constante; ya que, estos ambientes dilatados e inocuos de placer no estimularán la producción de dopamina en el organismo de los participantes, dejando frustrada continuamente la sensación de bienestar y equilibrio que todos requerimos para nuestro desarrollo. Por lo tanto, cualquier espacio o actividad que ofrezca la recompensa de cubrir alguno de los niveles de motivación en la pirámide y por ende, ayudar a la segregación de dopamina en el organismo, hará que el centro de placer-recompensa jale al sujeto hacia esos espacios o actividades sustitutas repetidamente. Entre más bajos los niveles de placer en un entorno, más altas serán las necesidades de solventarlo con sustitutos.

Otra variable importante a reconocer, son las habilidades que nos hayan enseñado o hayamos construido para lidiar con las situaciones adversas y la ansiedad que de ellas se puede desprender. Las situaciones adversas en primera instancia, en vez de generarnos placer, nos producen totalmente lo opuesto, dolor, frustración, incomodad. Esta clase de situaciones también se pueden relacionar con los espacios o contextos donde el placer es relativamente bajo o nulo prolongadamente, y es allí, donde las habilidades para lidiar con situaciones desfavorables nos asistirán en autorregular nuestro sistema de placer-recompensa para compensar la escasez de placer en nuestra vidas y ayudarnos a mantener la ecuanimidad. El déficit de estás habilidades propenderá a que se nos dificulte manejar la falta de placer e incomodidad, conminándonos a buscar sustitutos eufóricamente que disparen la segregación de dopamina en nuestro organismo.

Cuando hablamos de comportamientos adictivos, preferimos referirnos a ellos como comportamientos estereotipados, ya que así, es más fácil identificar si estamos en uno de ellos o no. En nuestra cultura la adicción está relacionado con drogas, cigarrillo, alcohol, pero un comportamiento estereotipado es cualquier cosa que convirtamos en una búsqueda repetida y desaforada de placer. Comportamientos estereotipados pueden ser: trabajar y trabajar energúmenamente, la búsqueda de citas y encuentros sexuales de manera desmesurada, los cambios de pareja constantes, el abandono de espacios laborales repetidamente por viajar y “escapar” de la rutina, el dejar de hacer otras actividades por jugar videojuegos una y otra vez, el constante ingreso a las redes sociales para ver si tenemos un like, el consumo de chocolate reincidente, el gimnasio frenético, el salto de paracaídas semanal “imperdible” ó la necesidad de tener siempre la razón y enfurecerse cuando no es dada. Esta clase de comportamientos clónicos nos dan señales que hay una carencia en algún lado y si nos interesa, profundizar que hay debajo.

Con esto no estamos diciendo que viajar, saltar de paracaídas, comer chocolate, tomar vino esté mal, pero si dar puntos de referencia para mirar y revisar comportamientos que repetimos con excesiva frecuencia. Son ellos, la pista donde podemos empezar a ubicar si son nuestros espacios o contextos los que están proveyendo bajos niveles de placer, o cargamos heridas emocionales desde la infancia que se están manifestando en la adultez, o carecemos de habilidades para gestionar el dolor y la frustración. Hacemos claridad que estas variables mencionadas no son las únicas que estimulan los comportamientos estereotipados, hay otros factores que se entrelazan en esta receta: la falta de propósitos (autorrealización), la incapacidad de sentirse suficiente y valioso(autoestima), las habilidades de confianza y certeza (autoestima), la incapacidad de establecer prioridades y posponer el placer inmediato (herramientas), entre otros; pero creemos que las tres variables sobre los que hemos profundizado brevemente en el artículo juegan un papel relevante en las adicciones.

La búsqueda de placer es legítima, natural y vital, reconocerla y saber qué, dónde, cuándo y cómo nos la proveemos es de suma importancia para nuestro bienestar y desarrollo íntegro. Nuestra vida depende de ello. Pero si nos encontramos en patrones reiterativos y compulsivos, trabajémonos, de este modo no serán nuestras heridas las que dicten el andar y construcción de nuestra vida ejerciendo poder en demasía sobre nuestra identidad y convirtiéndonos en autómatas de ellas. Hagamos una retoma de poder y vivamos el placer de existir como los grandiosos gestores que somos de ello.

La búsqueda de placer es legítima, natural y vital, reconocerla y saber qué, dónde, cuándo y cómo nos la proveemos es de suma importancia para nuestro bienestar y desarrollo íntegro. Nuestra vida depende de ello. 

 

Bibliografía:

  • Dotto, J. (2016). El ADN del placer: Cómo influye la genética en nuestros gustos y pasiones. Paidos Argentina.
  • Linden, D. J. (2011). La brújula del placer. Editorial Paidós, pp21-29.
  • Noticias, R. (2018). Neurociencias: ¿es genético el placer? | Revista Noticias. [online] Noticias.perfil.com. Available at: http://noticias.perfil.com/2016/11/27/neurociencias-es-genetico-el-placer/ [Accessed 28 Sep. 2018].
  • Piaget, J. (1973). Psicología genética. Buenos Aires: EMECÉ Editores.

 

*Existen más necesidades básicas de supervivencia, como el descanso (dormir), la homeóstasis, la respiración, entre otras. Pero, para eficiencia de transmisión de información y relevancia con la temática, el autor sólo menciona: la alimentación y el sexo.

About Daniel Andrés Mora Lugo

Fundador y creador de Sextima.co. Licenciado en pedagogía, terapéuta pedagógico, former director creativo, meditador vippasana, tallerista, viajero, former estudiante y profesor del Centro de Estudios CasaOcho. Ha centrado su investigación en entender la relación que hay entre autoestima, las relaciones significativas y las narrativas no coercitivas de sexualidad con la aparición de las distintas manifestaciones de la violencia intra e interpersonal, de ese modo, poder desarrollar estrategias pedagógicas que favorezcan su reducción.