Lo femenino no es monopolio de la mujer, ni lo masculino del hombre.

Cuando estereotipos y monopolios se juntan, los efectos violentos y nocivos están a la orden del día para todos los sujetos participantes del contexto aplicante. Tanto para los alocutores, como para los seguidores de la norma, pero sobre todo para los disidentes conscientes o inconscientes del discurso.

Entendemos por monopolio el ejercicio exclusivo de una actividad con el dominio o influencia consiguiente de la misma; y que algo estereotipado, es algo que se repite sin variación o se emplea de manera formularia y rígida.

Sabemos que los marcos de relacionamiento son necesarios. La generación de símbolos representativos a nivel de objetos, roles o actos son imprescindibles para los seres humanos. Los códigos políticos son inmensamente valiosos permitiéndonos saber quien es el otro y como acercarnos. Pero (y aquí viene el pero), la apropiación exclusiva-segregadora de algo, o imponer que todos entren y se apropien de los mismos objetos-símbolos-roles, es un acto violento.

Es violento-segregador cuando a un macho se le cohíbe usar símbolos relacionados con lo femenino; o a una hembra se le juzga por ocupar roles relacionados con lo masculino; o a un intersexual se le compele a ser una facción sin su consentimiento; o cuando hay grupos “femeninos” donde no reciben machos, o sólo están compuestos por hembras, excluyendo, no reconociendo o afirmando tacita y activamente que el macho no incorpora o es poseedor de un femenino (hacemos claridad en este punto que femenino, hembra y mujer son tres cosas muy diferentes, leer aquí. Por lo tanto, grupo de mujeres o hembras es muy diferente a un grupo femenino. Ó cuando constreñidamente se monopolizan actos de afecto-contacto a un género y se le prohíben al otro, etc.

El problema no es singular a que hayan códigos, marcos y símbolos de relacionamiento, el problema no es que haya masculino y femenino, el problema empieza cuando todos deben entrar y apropiar la misma bolsa inexpugnablemente, he ahí la dificultad mayor, y eso es harina de otro costal, ese no es un problema oriundo y exclusivo de la norma o los símbolos (porque siempre van a haber normas, reglas y símbolos al ser Seres políticos), es una contrariedad de quienes aplican la norma, de los entes validadores-adjudicadores del discurso que la acomodan INFLEXIBLEMENTE a nombre de la seguridad y el orden, que es reemplazada y confundida por SU seguridad y SU orden personal particular.

¿De dónde surge esa inflexibilidad?, ¿De dónde parte la necesidad exacerbada de control?, ¿Cuando requerimos controlar al otro (ente o entorno) opresivamente es por qué no confiamos en él otro?, ¿Esa falta de confianza en el otro refleja una falta de confianza en nosotros mismos?, ¿De qué tenemos miedo desmedido?, ¿Cuál es nuestra neurosis?, ¿Este miedo desmesurado y falta de confianza nos lleva a monopolizar y estereotipar las personas y recursos a nuestro alrededor de manera totalizadora?.  Es ese miedo desproporcionado que reemplazamos con poder y control rígido-dictatorial que nos ciega a ver, reconocer y encontrarnos con el otro porque “Yo-Nosotros” tenemos la verdad, la única verdad; lo que nos lleva a plantear: ¿Cuál es el placer detrás de ese poder-verdad inexorable?, ¿Qué está reemplazando? y ¿Qué nos hace falta cultivar?.

El objetivo de este corto artículo no es resolver estas dudas, sino reflexionar sobre una génesis frente a la necesidad de MONOPOLIZAR naturalezas inmanentes de todos los seres y entregárselas a un ÚNICO grupo de individuos por medio de un discurso-norma que incluirá y apropiará de manera EXCLUSIVA símbolos, roles y acciones que atribuirá ESTEREOTIPADAMENTE a los ciudadanos donde el discurso-norma se adscriba.

Esa monopolización y estereotipación del femenino y el masculino (en símbolos, roles y expresiones) adjudicándolos a un sexo en particular, maltrata y agrede no sólo a sus detractores, sino a sus adeptos (como sucede con cualquier monopolio y estereotipo), causando malestares, disociaciones, depresiones, repudios, marginaciones y auto-discriminaciones, perpetuando así, las mismas violencias que el discurso rígido estandarizado promete y busca erradicar o controlar.

Recalcamos que no es la norma o los marcos de referencia lo que maltrata principalmente (aunque si es importante hacer nuevos acuerdos de relación y discurso progresivamente), sino la inflexibilidad-miedo que convierte el código-discurso de relacionamiento en ley inquebrantable, en estereotipos inamovibles que no permiten reconocer al otro y reconocernos, escucharlo y escucharnos, aceptarlo y aceptarnos, incluirlo e incluirnos, porque no es un viaje de una sola vía, no es el otro caminando sólo a donde nosotros estemos, nosotros también vamos a ese encuentro de lo diferente y lo distinto (porque nosotros somos los distintos y diferentes para esos otros distintos y diferentes), vamos no solamente a la confluencia de lo lindo, agradable y bello, sino también de lo desagradable y aparentemente “erróneo”, quizás no para abrazarlo e incorporarlo, pero al menos para encontrarnos, intercomunicarnos y reconocernos desde el amor y el respeto.

Esperamos este breve aporte sea enriquecedor para seguir construyendo el camino hacia la no-violencia (cualquier tipo de violencia) en nuestro contexto.

About Daniel Andrés Mora Lugo

Fundador y creador de Sextima.co. Licenciado en pedagogía, terapéuta pedagógico, former director creativo, meditador vippasana, tallerista, viajero, former estudiante y profesor del Centro de Estudios CasaOcho. Ha centrado su investigación en entender la relación que hay entre autoestima, las relaciones significativas y las narrativas no coercitivas de sexualidad con la aparición de las distintas manifestaciones de la violencia intra e interpersonal, de ese modo, poder desarrollar estrategias pedagógicas que favorezcan su reducción.