El reconocimiento de la diferencia

Voy en trasmilenio. Hay una chica universitaria peleando con su novio, llorando le dice que si a él le importara un poquito la habría llamado, el intenta acercarse, pide disculpas, explica que se le olvidó; cada intento parece traer más problemas. Me bajo sin presenciar el final de la interacción. Pero de alguna manera no me voy,  me quedo siendo ellos, yo he estado ahí más de una vez. He sido la chica que llora porque no se siente amada y he visto al hombre que intenta acercarse en medio de la culpa y el desconcierto.

Aunque soy mujer, tengo amigos hombres y he sido testigo de sus intentos de amarnos y de nuestro dolor porque no es como lo imaginamos, porque no es como creíamos que debía ser.

“Somos distintos y mientras no exploremos y asumamos la diferencia, nos vamos a lastimar”.

Enfonco mi atención en el hombre, algo en su expresión indica confusión, e imagino que se está haciendo preguntas como: ¿Todo esto por una llamada?, ¿Y ahora qué le digo? Hay también un aire de cautela, cualquier movimiento incorrecto puede desembocar en más llanto o, quién sabe, gritos y escenas.

Dicen que las mujeres estamos locas, y sí, pero no. Somos distintos y mientras no exploremos y asumamos la diferencia, nos vamos a lastimar.

Tal vez para ellos el amor tiene más que ver con presencia que con declaraciones, tal vez para nosotras llorar es una forma más de expresar nuestras emociones y no significa que estemos destrozadas.

La única forma de saber es preguntar.

Es tiempo de bajar las armas y soltar el miedo. Todos estamos buscando amor.

Algunos hemos resultado tan lastimados en la búsqueda que ahora queremos usar, o tener opciones disponibles por si se pierde alguna; otros queremos controlar y hemos llegado a creer que amor es igual a obediencia.

¿Cómo amar?, ¿Cómo encontrarnos y compartir alegría con otro?, cuando lo que nosotras sabemos de amor es disney más telenovela colombomexicana y lo que ellos saben de sexualidad es pornhub. Yo espero como mujer ser rescatada y sufrir mucho hasta encontrarnos. Tu como macho esperas encontrar en mí una muñeca con huecos. Y si lo que vimos en casa fue a mamá sufrir y a papá evadir, ¿Cómo hacemos?, ¿Cómo imaginamos el amor?, ¿Cómo lo construimos?, ¿Qué pasa en el camino que nos lleva a estar llorando en transmilenio?.

A mí me gustan las preguntas porque nos recuerdan que cada uno tiene su propia verdad y esta no es necesariamente la del otro, también me gustan porque nos recuerdan que somos ignorantes y sólo tenemos un pedacito de la historia. Necesitamos preguntar para completar el panorama, o por lo menos ampliarlo, contemplar otras posibilidades.

Generalmente lo que más nos lastima son los vínculos de pareja, pero el sufrimiento no es exclusivo a este tipo de relaciones, el desconocimiento del otro, no comprenderle también lesiona los nexos de amistad, de trabajo y familia -¿Quién dijo que a mamá le gustan las lavadoras?-, -¿Y por qué lo creímos?-.

Es momento de dar un paso atrás, de aceptar que nada es obvio, que tenemos gustos, necesidades y expresiones distintas, y que está bien que así sea. Es hora de reconocer al otro como es, no como queremos que sea.

“Necesitamos preguntar para completar el panorama, o por lo menos ampliarlo, contemplar otras posibilidades”.

A ese chico en transmilenio le digo que tiene derecho a olvidar cosas, pero que su mejor opción es conversar y llegar a acuerdos consensuados sobre lo que es importante y lo que no; a esa chica que llora le digo que el amor no es dolor, y que a veces se expresa con la presencia y no con las llamadas, que si él no la amara no estaría ahí pasando la incomodidad y el desconcierto de ver una mujer lastimada. A ellos, que fui yo, nos digo, es tiempo de encontrarnos y preguntarnos: ¿Qué es importante para mi?, ¿Qué necesito para sentirme amad@?, ¿Cómo expreso mi amor?. Al plantearnos estas preguntas inmediatamente ampliamos las perspectivas sobre quienes somos, y como consecuencia podemos comunicárselas al otro para que sepa, nos conozcamos y llegar a un acuerdo de entendimiento, aceptación y amor mutuo.

About Laia Rico

Laia Rico, fundadora, docente y terapeuta en CasaOcho Centro de Estudios. Asesora en crecimiento humano y espiritual, antropóloga, médico chino, consultora mindfulness de la escuela española de educación transpersonal, directora de la clase “Sexualidad, el disfrute de la vida” en CasaOcho que consta de dos módulos dedicados al estudio y análisis del femenino y el masculino. / Lleva más de 6 años de investigación, trabajando y sanando desde su propia experiencia para crear su posibilidad más elevada. En el ejercicio de acompañante - como docente o como terapeuta- escucha, comparte e integra desde la certeza de que cada persona es su propio maestro. / Si desea conocer más de Laia Rico, CasaOcho o su clase “Sexualidad, el disfrute de la vida” ingresa a: www.lacasadelosangeles.com.co/casaocho/