La toma de decisiones y el jardinero fiel

“Alto, no saltes, no estás solo, estás conmigo.
Todo lo que vas a ser, ya lo eres. Lo que buscas, ya está en ti.
Alégrate de tus sufrimientos, gracias a ellos llegarás a mi
Alejandro Jodorowsky
La Danza de la Realidad

Hay momentos durante nuestro desarrollo en los cuales la angustia de no saber ¿Para dónde voy?, ¿Cuál es mi propósito?, ¿Qué es lo que debo hacer?, nos satura. El no poder responder con certeza estos cuestionamientos aviva la incertidumbre mental, llenándonos de emociones y sentimientos incomodos por no saber a dónde dirigir nuestro barco en altamar.

Generalmente, tratamos de solucionar los momentos donde surgen este tipo de cuestionamientos, arrojandonos a resolverlos con nuestra herramienta más familiar: LA MENTE; y está bien, la mente es una gran aliada y un maravilloso instrumento para sortear muchas situaciones, siendo a demás la encargada de procesar la información que ya tenemos y la nueva que recibimos para interpretar que camino tomar o solución seguir.
Lo que no es eficiente es depender sólo y únicamente de una herramienta para resolver cada situación de nuestra vida, es allí dónde nuestro proceder se vuelve insensato, bajando nuestros niveles de efectividad y aumentando nuestros niveles de angustia.

Hoy quiero proponerte que agregues otra perspectiva a como dar respuesta a esos momentos incomodos donde te preguntas: ¿Para dónde voy?, ¿Cuál es mi propósito? ó ¿Qué es lo que debo hacer?.

“Todo lo que vas a ser, ya lo eres”.

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Para que podamos empezar a desenmarañar este boicot, lo primero que vamos a decirnos es que estar pasando por esto “está bien” y “es normal”. ¡Sí!, suena como algo que ya nos habremos dicho muchas veces, pero por más rutinario que parezca no siempre sabemos, y no saber hace parte del proceso de la vida; así comenzamos a liberar un poco el estrés generado por la situación fastidiosa que estemos viviendo; lo cual nos conduce al siguiente paso, pronunciar el dificultoso “No sé”. Pero ese “no sé” no es un soliloquio de la mente, debes estar pendiente que al articularlo salga del corazón, debes sentirlo verdaderamente en orden de poder reconocer el tercer paso: –Me duele o es muy incomodo-. Aceptar que todo proceso de crecimiento o transformación en nuestra vida tiene etapas de dolor, es clave a la hora de sortear el sufrimiento.

Pensémonos por un instante como una semilla que se planta en la tierra negra del campo.
La semilla ya tiene toda la información de lo que va a ser, del árbol que se ve a convertir, de lo que será.
¿Pero que necesita esa semilla para que todo su potencial pueda ser?
Revisemos algunos puntos básicos de las diversas necesidades que posee una planta en su ecosistema de desarrollo y relacionamiento:

  1. Una buena tierra.
  2. Una cantidad de luz apropiada para esa planta.
  3. Abono.
  4. Agua en la medida justa para que no se seque ni se ahogue.
  5. Un entorno climático adecuado, por mencionar algunos.

Ahora, si nos estamos pensando como una semilla ¿Cuántos de estos elementos nos proveemos de manera adecuada para que alcancemos nuestro máximo potencial; para que nuestro desarrollo se óptimo; para que la vida y nuestro propósito fluyan a través de nosotros?.

“Todo lo que voy a ser, ya lo soy”.

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Quizás más que tomar decisiones sobre quién quiero ser basado en solicitudes sociales o proyecciones de otros, deberíamos descubrir: ¿Cuál clase de tierra es mi tierra?, ¿Qué cantidad de luz necesito?, ¿Cómo me proveo un entorno climático adecuado?. Sé que para nosotros las necesidades frente a una planta pueden lucir un poco distintas, pero podríamos hacer el ejercicio creativos de transferir algunos de estos requerimientos a nivel humano y así, desarrollar nuestro máximo potencial.

La tierra se podría vincular con la familia, y no nos referimos sólo al núcleo familiar, sino a esos seres con quienes tenemos vínculos muy especiales: mi amigo-familia, mi colega-familia.
También la tierra podrían ser los espacios donde nos desarrollamos, la empresa en la que trabajamos, los lugares que frecuentamos, el hogar que poseemos. Pero sobre todo la tierra es el AMOR, el amor que damos y recibimos de estas relaciones. El AMOR como sea que nos sea manifestado es para nosotros la tierra, la acción que nos permite crecer.

¿Cómo está nuestro amor?.

La luz es el conocimiento que depositamos en la mente de nuestra semilla. Mucha luz-conocimiento puede quemar la planta, muy poca luz-conocimiento no le permitirá germinar correctamente. Vivimos en una sociedad de consumo desmedido que nos ha enseñado a que debemos atiborrarnos de información, que tener más es la meta, que entre más sepamos es mejor, y la verdad si y no. Saber es una excelente herramienta, pero demasiada información puede volverse una angustia si no se tienen los saberes correctos para gestionar y administrar el saber, tanta información puede ser una pesadumbre. Es preferible tener los saberes correctos que saber demasiado.
Mucho conocimiento sin límites, nos puede quemar y frustrar.
Poco conocimiento nos puede limitar y reprimir en nuestro desarrollo.

Otra clase de luz-abono, pueden ser la virtudes que nos cultivamos. La honestidad, el compromiso, la empatía, el compañerismo, los pensamientos positivos, la vulnerabilidad, la belleza, La comunicación afectiva y efectiva, etc.

¿Qué clase de luz-conocimiento-abono necesito para crecer correctamente?.

El agua son nuestros sentimientos, ¿Qué tan buen vínculo tengo con mis sentimientos?, ¿Me siento?, ¿Tengo sentimientos por el mundo y la gente que me rodea que no reconozco?. Como el agua, los sentimientos también deben ser gestionado-reconocidos de manera sabia, demasiada agua-sentimientos ahoga la semilla, muy poca agua-sentimientos no nos dará chance de germinar y crecer correctamente.
¿Has visto que tan pronto hechas a agua a una planta sedienta se re anima, está feliz?. Porque nuestra felicidad es una consecuencia de nuestro vínculo con la fuente y no la propuesta post-moderna de llenarnos de emociones para sentirnos llenos de vida. La dicha perenne surge de la conexión con la fuente que nos nutre. Esta fuente la llamamos de muchas maneras: Dios, Universo, Alma, Espíritu, Observador, el Silencio, La nada, pero como sea que le llamemos, este manantial de la mano con el vínculo sentimental que nos permitimos con nuestros amigos, nuestra familia, nuestros colegas, nuestros espacios pero sobre todo con nosotros mismos es lo que nos llena y nutre.

¿Cómo están mis sentimientos y emociones?.

Al final, allende de este paralelo semilla-humano como un ejercicio propositivo, es la posibilidad de reflexionar y abrazar la facultad de que nuestra nuestra toma de decisiones, más allá de ser un proceso único y exclusivamente mental, es el trabajo y la confianza de que dentro de mi ya está todo lo que soy y debo ser. Que en orden de descubrirlo y dejarme ser debo convertirme en mi propio granjero o jardinero fiel. La decisión de cultivarme adecuadamente y proveerle a mi semilla-planta-ser su tierra-amor, su luz-conocimiento, su agua-sentimientos como un proceso constante que labra el vínculo con la fuente, hará que en la vida, ya no me deba encontrar en situaciones de ansiedad extrema por tener que tomar todo el tiempo “solo” decisiones mentales, sino que el proceso agrónomo en mi, será un estado de certidumbre constante que me colocará en el lugar y momento adecuado asiduamente, me proveerá situaciones perfectas, me relacionará con lo autentico y verdadero de mi objetivo, me llevará fluidamente hasta el verdadero ser que soy para mi y el mundo, y de manera tranquila y progresiva disfrutaré tanto el proceso que sin lugar a dudas un día me veré siendo el propósito que vine a ser.

Gracias.

About Daniel Andrés Mora Lugo

Fundador y creador de Sextima.co. Licenciado en pedagogía, terapéuta pedagógico, former director creativo, meditador vippasana, tallerista, viajero, former estudiante y profesor del Centro de Estudios CasaOcho. Ha centrado su investigación en entender la relación que hay entre autoestima, las relaciones significativas y las narrativas no coercitivas de sexualidad con la aparición de las distintas manifestaciones de la violencia intra e interpersonal, de ese modo, poder desarrollar estrategias pedagógicas que favorezcan su reducción.